LA SELECCIÓN CINÉFILA (O LO MÁS PARECIDO A UN EDITORIAL CAPRICHOSO)

Hace unos cuantos años escribí una nota para una revista en contra de Juan José Sebreli, más específicamente, contra su libro La era del fútbol, un compendio neoliberal propio del intelectual que se cree en el pedestal de la inteligencia humana y le teme a cualquier fenómeno de índole popular. Entre tantas pavadas, se leen cosas del estilo «me gustan los mundiales porque las librerías están vacías y se puede caminar con tranquilidad por las calles». En fin…

El fútbol y el cine para mí son dos artes, dos pasiones no negociables, y hace tiempo que veo uno en el otro, y viceversa. De hecho, sea en la cancha o en la televisión, mi mirada se desplaza como una cámara. No necesariamente va donde rueda la pelota. Es capaz de advertir los gestos de los técnicos, la posición de los jugadores en ataque como en defensa. Yo estoy convencido de que tanto en el cine como en el fútbol el tema es la mirada y que ambos comparten esa hermosa sensación de disfrute que no es necesario racionalizar. Por ende, todas las notas que contenga esta sección serán arbitrarias, disparatadas, serias, aleatorias, en definitiva, una invitación para hablar de películas y directores que mantengan una relación con este deporte.

Yo tengo un equipo y una formación. Me gusta el 4-4-2, de modo tal que si formara un plantel con gente vinculada al cine, saldría a la cancha así. En el arco lo pongo a Clint Eastwood, por su experiencia, versatilidad y presencia. El tipo es un clásico, de la vieja escuela , sabe jugar con los pies, es alto, guapo y con estilo. Además, ordena al equipo desde atrás sin hacerse notar (parecido a su oficio de director). La única macana es que se lesiona bastante debido a la cantidad de partidos, pero no hay problema. Su reemplazo es Sylvester Stallone. Cuando hay definiciones por penales lo metemos a la cancha, porque todos nos acordamos de Escape a la victoria y su gesta heroica. Sly no está para cosas chicas.

La defensa, como no podría ser de otro modo, es la del catenaccio. No hay como los italianos, maestros en este sector. Así que vamos con una línea de cuatro compuesta por los laterales, Dario Argento y Lucio Fulci, más los centrales, Sergio Martino (un poco más elegante que el resto) y Mario Bava. Así, a cara de perro, para ablandar a los delanteros rivales. Una patada de estos muchachos puede significar litros de sangre/témpera como en el giallo. En caso de lesiones, están los asiáticos asesinos para entrar: Sion Sono, Takeshi Miike, Takeshi Kitano y el experimentado Nagisa Oshima.

En el medio vamos con un doble cinco de batalla. Quentin Tarantino para cortar juego, sin ninguna duda. Hay que hablarle mucho porque sus ataques de euforia lo pueden sacar de la cancha (por ejemplo, que le aplique a un contrario alguna patada digna de las películas de Kung Fu que ama), pero es quien debe hacer el trabajo sucio en la mitad del campo de juego. Al lado, un buen pie, un pasador fino, Max Ophüls. Sus movimientos son tan delicados como su puesta en escena. Cada pase en profundidad nos recuerda a Carta de una enamorada. Los dos por afuera, con ida y vuelta, son rapiditos. Leonardo Favio (al que le permitieron jugar con pañuelo). Si bien tiene una función específica, suele llegar al gol de manera impredecible.  Por el otro lado, Truffaut, petiso encarador como Antoine Doinel. Los dos van hasta el final y tiran centros. Ante imprevistos hay un medio clásico, de buen pie: Howard Hawks, John Ford (al borde del retiro y despeinado como Bochini), Alfred Hitchcock (después de una exigente pretemporada) y Glauber Rocha (sería algo así como Pablo Pérez, incorregible).

Adelante, uno por afuera que rompa la línea, desacatado, atrevido, contestatario: el gran Pier Paolo Pasolini. Veloz, declara fuerte y deschava la corrupción dirigencial, pero el técnico lo sostiene a pesar de las farras nocturnas. De centro delantero, un goleador implacable, frío, cerebral, un genio absoluto: Werner Herzog. El alemán es uno de los pilares del equipo, capaz de controlar a Pier Paolo. Juntos aprendieron a asociarse de mil maravillas. Los suplentes en ataque son el gordo Leone y Peckinpah, cuando el partido se pone bravo.

El DT, como no podría ser de otro modo es don Luis Buñuel, con sus cigarros. Le han prohibido entrar al banco con alcohol pero el tipo se las rebusca y le encomienda la difícil tarea a su ayudante de campo, Arturo Ripstein (que pronto hará carrera en solitario)

Con este equipo saldría a jugar a la cancha. ¿Los contrarios? Ahí van los once: González Iñárritu, Cuarón, Von Trier, Noe, Szifrón, Schumacher, Lyne, Campanella, Emmerich, Barone, Siro.

elcursodelcine

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