In Memoriam. Jean Claude Brisseau (1944-2019)

Brisseau perteneció a una generación de directores que filmaron bajo la sombra (terrible) de la Nouvelle Vague. Sin embargo, más allá de las influencias que pueden establecerse su cine se caracterizó siempre por una visión libre y desprejuiciada del sexo, ya sea como una búsqueda de placer o como una manera de goce corporal por fuera de las convenciones y mandatos institucionales. En Choses secrètes (2002), dos chicas utilizan deliberadamente sus cuerpos como una forma tan válida como otra cualquiera para conseguir trabajo; antes, en De Bruit et de fureur (1988), un chico llamado Bruno hace frente al fallecimiento de su abuela explorando un mundo imaginario en el que los juegos sexuales aparecen para destapar progresivamente el velo de su identidad.

Inteligencia y elegancia, a veces no exentas de cierta gelidez, son las caras más visibles en las películas de Brisseau. Del mismo modo, su cine es un exponente de la delgada línea entre el erotismo y el porno, colocando al espectador en una postura de voyeur que completa y extiende el punto de vista de algún personaje. Varios de sus protagonistas descubren nuevos modos de vinculación a partir de una pérdida, los que los pone en un nuevo territorio gobernado por el deseo. Y si el deseo abre una dimensión misteriosa del alma y el cuerpo humano, la puesta en escena acompañará esa experiencia. Esto puede verse en La Fille de nulle part (2012), ganadora del premio mayor en el Festival de Locarno, donde se da cuenta de la relación que inician un profesor de matemáticas viudo y una joven que ha quedado en la calle. La mutua pérdida es el eslabón que une sus caminos y los pone en otro lugar existencial. La morosidad de la observación y el tiempo dilatado del disfrute son dos rasgos que también se advierten en una de sus películas más controvertidas, A l’aventure (2008), una especie de bovarismo contemporáneo donde la libertad sexual y los mandatos del deseo salvan a una mujer insatisfecha.

Jean Claude Brisseau es un director que no ha eludido nunca la polémica, siempre al límite de la provocación. Desde sus trabajos más recientes ha sido un signo de posicionamiento en el panorama del cine francés, al punto que ha dividido las aguas entre los críticos. En Un jeu brutal (1983) se mete en terrenos pantanosos con una trama que involucra a un homicida de niñas y en uno de sus títulos más conocidos y ruidosos, Noce Blanche (1989), aborda la relación de un profesor de filosofía con una chica de diecisiete años. Al parecer, Brisseau se habría propasado con la joven actriz y ése sería el inicio de una serie de inconvenientes legales cuya culminación data del año 2005 cuando fue condenado por acoso sexual. La reciente irrupción del movimiento de denuncia feminista #metoo provocó que la Cinemateca francesa anulara a finales de 2017 una retrospectiva que había preparado sobre el cineasta.

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