In Memoriam. Isabel Sarli (1935-2019)

El primer recuerdo cinéfilo de Isabel Sarli es un afiche de Insaciable (Armando Bó, 1976). En aquel entonces solo podía acercarme a esas películas desde la fantasía de una mirada de seis años. Pasaron los años e Isabel se transformó en un deseo compartido por una generación adolescente de machitos dispuestos a todo con tal de conocerla más allá de la pantalla. Era nuestra Sophia Loren, o más bien la versión criolla de Anita Ekberg. O tal vez nosotros éramos el pibe de Fellini en Amarcord tocando la teta de la Gradisca o de la Tabaccaia. Tuvieron que pasar muchos años para que logremos entender la importancia de Armando Bó e Isabel Sarli en nuestro cine, sobre todo en una época de pacatería sexual y prohibición. Sin embargo, no se necesita una dictadura para utilizar el adjetivo bizarro a la hora de meter en un baúl todo aquello que no entendemos o nos molesta. Los peores son los reprimidos de la democracia o los dogmáticos de turno. Isabel fue gigante, hermosa, inigualable y Bó supo que el cine era un espacio de deseo, de liberación.

Isabel Sarli fue la salvación de Armando Bó, quien venía desde los cincuenta luchando contra la censura, la crisis de producción y la búsqueda de un estilo. En 1957 un productor le presenta a una modelo que había sido Miss Argentina. Bó vio un cuerpo, es cierto, pero sobre todo vio una manera de inmortalizarlo en pantalla, de replicar en Argentina los desnudos europeos que alimentaban el bocho de tantos. Los directores hablan con imágenes; los prejuicios y las cataratas verbales son para los otros, los que se escandalizan o rebajan a reproche las sagradas presencias. Ninguna de las imágenes poderosas y audaces de películas como Sabaleros, India, El trueno entre las hojas o Y el demonio creó a los hombres hubieran sido posibles sin el cuerpo de Isabel. Estamos acostumbrados a hablar de las escenas de riesgo de Buster Keaton, o de los jugados pasajes de sexo en películas actuales menos creíbles y sanguíneas que una publicidad. Corran a ver la pelea de Isabel Sarli y Alba Mugica en medio de desechos o el glorioso baño en las Cataratas del Iguazú. Después hablamos.

La última vez que la vi a Isabel Sarli fue en esa maravillosa entrevista que le hizo en una edición del Bafici el genio de John Waters. Se la ve fresca, vital, sosteniendo su condición de mito viviente y diciendo con orgullo que ella siempre quiso filmar con Armando. Ambos estarán viendo qué quilombo lindo armar en el cielo.

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