Vigilia en agosto, de Luis María Mercado (2019)

ACTO REFLEJO

Uno de los tópicos por excelencia dentro del amplio panorama del cine contemporáneo es de qué modo el cuerpo es un mapa donde se puede leer todo tipo de malestares. Una situación que podría entenderse como ideal suele mutar en un problema. A veces la alcantarilla es grande y profunda; en otras, los problemas toman su tiempo para estallar y la dilatación es el método efectivo, sobre todo porque la procesión va por dentro.

A días de casarse, la protagonista, una joven llamada Magda se entera de una serie de hechos trágicos que involucran a su novio. Sin embargo, un bloqueo emocional la hará callar. El tema es que su cuerpo le pide algo diferente. Con ecos de La mujer sin cabeza, de Lucrecia Martel, la película apuesta por el drama contenido, dentro de los carriles psicológicos. Lo mejor es que no elige explicar nada y cierta atmósfera de incomodidad se adueña del relato sin que nada estalle precisamente. Los hechos que rompen la lógica de lo normal parecen susurrados porque lo verdaderamente importante es el orden de los secretos, de lo indecible. La vigilia del título se torna literal y el clima de la región se traslada al ánimo de una mujer que transita por el limbo. Magda adopta la actitud de tantos personajes de películas actuales, dispuestos a correrse de la realidad para observarla a la distancia. Dicho corrimiento genera un estado de perplejidad: cuando más se estira la dimensión de lo cotidiano, más extraña se vuelve, y las conductas de los llamados seres queridos manifiestan el lado oscuro de la luna. Sería muy fácil restringir todo esto al universo pueblerino, sin embargo, es algo que excede a la cuestión geográfica, lectura que caería en un determinismo absurdo. El planteo es existencial y se relaciona con la vieja historia de los deseos y los mandatos, cuestión universal.

Lo peor es que parece una reiteración de fórmulas cuidadas y agobiantes, un prototipo de films recurrentes en gran parte del cine argentino que insiste en imitar modelos consagrados, sobre todo en festivales. Más allá de eso, que para muchos no representa una objeción, el barro del universo machista y de las estructuras de poder en la vida de provincia es removido con inteligencia, y con una gran actuación de Rita Pauls.

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