Entrevista a Abbas Fahdel. A propósito de Bitter Bread (2019)

Abbas Fahdel nació en Babylon, Irak. A los 18 años se mudó a Francia, donde estudió Cine en la Universidad de la Sorbona. Con una filmografía en franco crecimiento, se muestra como uno de los realizadores más interesantes dentro del mapa cinematográfico actual, por lo que cada nuevo proyecto genera altas expectativas. En el último Festival Internacional de Mar del Plata se vio Bitter Bread. Compartimos la siguiente reseña sobre este gran documental y una entrevista que le hicimos al director.

En su monumental película documental Homeland (Iraq Year Zero) de 2015, Fahdel nos regala varios primeros planos de niños. Esas sonrisas en medio de un mundo de armas implica una jugada maestra: por una vez siquiera los otros no son objetos de nuestras manipulaciones y somos nosotros, a través del cine, observados. El comienzo de Bitter bread es la continuación de aquella. Lo que cambia es el lugar, pero la mecánica es similar y confirma no sólo la cruzada de Fahdel por las causas humanitarias sino su capacidad para dar vida a través del cine. En este caso su cámara se traslada a un campo de refugiados sirios en el Líbano donde una gran cantidad de chicos atraviesan la lente y son retratados. No son planos meramente descriptivos, hay una intencionalidad política en esa gracia divina y es que no olvidemos que son ellos los principales perjudicados en un mundo problemático, injusto y cruel. Más allá de la ingenuidad de sus miradas y de sus sonrisas, existe una interpelación de la que hay que hacerse cargo. ¿Cómo evaluar sus juegos en medio de carpas improvisadas, cómo concebir la felicidad entre el barro y las carencias, ante la amenaza de tormentas que derriban todo? En medio de la adversidad, un hombre disfrazado de Papá Noel trae regalos al campamento. No pasarán muchos minutos para darnos cuenta de que luego será funcional a un sistema perverso de explotación, aunque venga disimulado por nobles actos. Es que, más allá de él, el mundo está gobernado por los intereses y es una verdad inexorable de la que el documental también da cuenta. La miseria del poder recorre la vida como el agua residual que vemos en varios segmentos. Como buen documentalista, Fahdel no deja resquicio por mostrar y apunta a una complejidad de deseos y de realidades posibles en ese microuniverso donde viven precariamente los refugiados, en una especie de limbo. También habrá lugar para las historias, como la de un joven que no consigue permiso para trasladar a su novia al campamento. Sin embargo, lejos de colocarse en una postura nihilista, el cineasta confía en la vitalidad de sus imágenes, acompaña, nunca se entromete y preserva una paleta de colores que, conjuntamente con los niños, son signos de esperanza en medio del horror.

¿Cómo fue regresar al terreno del documental luego de la experiencia de Yara? Aquella película era de una serenidad y de una búsqueda estética que en Bitter Bread es difícil de conseguir dada la gravedad del tema.

En verdad no hago diferencia entre documental y ficción. Rodé Yara como un documental, con actores no profesionales que interpretan prácticamente sus propios roles. Tanto en Yara como en Bitter Bread, se trata de dar cuenta de un lugar y de quienes lo habitan: el valle de Qadisha y sus últimos habitantes en Yara y la llanura de Bekaay con los refugiados en Bitter Bread. En las dos películas se encuentran el exilio, el exilio de los campesinos que han tenido que dejar el valle de Qadisha por razones económicas o a causa de la guerra civil, y el exilio de los refugiados sirios que han tenido que huir de sus países a causa de la guerra. Para las dos películas mí enfoque como cineasta es el mismo: filmar a los personajes con la distancia justa inscribiéndolos en el paisaje natural que los rodea.

 ¿Cuánto tiempo llevó rodar en el lugar? Imagino que ha sido de un alto impacto emocional.

Nosotros nos quedamos durante un mes en el campo de refugiados, pero sin rodar todos los días. En total, rodamos durante 13 días. Los que no, aprovechamos para conocernos con los habitantes del campo. Eso nos permitió estar al tanto de sus historias y de obtener su confianza

3-En sus películas los niños ocupan un lugar central, sospecho que es porque son los más vulnerables en esos contextos. Sin embargo, pareciera haber esperanza en la manera en que los retrata. ¿Lo piensa así?

La mayor parte de los chicos que vimos en Bitter Bread nacieron en el campo de refugiados, y no conocieron otra cosa que la vida del campo. A pesar de la gran precariedad en la cual viven, tienen una vitalidad y una resiliencia tal que les permite resistir y sobrevivir a casi todo. Sucedía lo mismo a los chicos iraquíes en Homeland: Iraq Año Zero.

¿Cómo hace para vincularse con la gente o no desde lo emocional, sobre todo porque como documentalista ha sabido mantener una especie de cruzada por las causas humanitarias, pero al mismo tiempo hay un cineasta que registra, toma decisiones sobre qué mostrar o no?

 Personalmente soy incapaz de hacer una película sobre un tema o sobre personas que no me tocan emocionalmente. Hacer una película implica una gran inversión de mi parte, especialmente porque yo cumplo los roles de productor y de realizador en mis películas. Para invertir en un proyecto, es necesario que esté convencido de la utilidad de lo que voy a hacer. En el caso de Bitter Bread, consagrar una película a los refugiados, que generalmente son reducidos a las estadísticas, me pareció no solamente útil sino necesario, para darles un rostro y hacerlos conocer verdaderamente

-Resulta llamativo de qué modo, aún en las circunstancias más extremas, están quienes continúan pensando en los negocios. ¿Pudo trabajar cómodo con esas circunstancias?

Si hace alusión a los hamish (el suboficial y responsable de los campos libaneses), él ejercía ya ese oficio antes de la guerra, y continuó después. Como dice un viejo refugiado sirio en la película: « Nosotros trabajamos los unos por los otros ». Evidentemente, los campesinos libaneses ganan más que los refugiados sirios que ellos emplean y aprovechan la precariedad de su situación para proponerles salarios mínimos que apenas son suficiente para comprar el pan de cada día.

-Hay una imagen recurrente con una corriente de agua contaminada al lado del campamento. ¿La pensó como una señal particular?Durante el rodaje, estuvimos todo el tiempo expuestos al frío extremo del invierno y a los olores persistentes de las cloacas que pasan por el campo. Como es imposible hacer sentir esos olores a los espectadores, pensé en mostrar las cloacas de manera recurrente para que no olviden las condiciones de higiene en que los viven refugiados.

¿Está en algún proyecto actualmente?

Si todo va como lo previsto, en algunas semanas comenzaré el rodaje de una nueva película: un largometraje documental ambientado en el sur del Líbano.

Traducción del francés: Licenciada Angie Gómez

Traducción al inglés: Licenciada Virginia Mónaco

elcursodelcine

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *