In Memoriam. Terry Jones (1942-2020)

Sobre La vida de Brian o la inútil controversia religiosa.

Uno de los directores de la llamada Nueva Comedia Americana, Kevin Smith, hizo una película llamada Dogma en el año 1999 y despertó algunas quejas biempensantes de sectores religiosos ortodoxos. El argumento parte de la siguiente idea: la última descendiente del Mesías es una especialista en abortos, quien debe cumplir la misión de impedir que dos ángeles rebeldes sean perdonados y prueben la falibilidad de Dios, lo que provocaría el colapso del universo. Allí aparece un personaje bastante particular: un decimotercer apóstol borrado de las escrituras por ser negro. Por supuesto, varios se escandalizaron y la rabia se convirtió en furor mediático. Una vez más, el humor fue puesto bajo la lupa. Sin duda, la parodia (ejercida en varios niveles, desde los títulos mismos) es lo que parece salvar a Smith, quien también aclara al comienzo que se trata de una “fantasía cómica”. Pero, parodia o no, ya sabemos qué pasa con temas religiosos farragosos.

De todos modos, y como suele ocurrir cuando se ensalzan algunos productos como si fueran la panacea de la originalidad, alguien recordó con buen tino que los Monty Python’s ya se habían portado bastante mal mucho tiempo antes con La vida de Brian, la extraordinaria película dirigida en 1979 por el recientemente fallecido Terry JonesLa historia parte de la siguiente idea: Brian nace en un pesebre de Judea casi al mismo tiempo que Jesucristo. Debido a esta coincidencia, los Reyes Magos se equivocan y creen que ese niño es el Mesías prometido, pero muy pronto se dan cuenta de su error. El grupo cómico Monty Python, cuyo humor se ha caracterizado por la irreverencia, comenzó su carrera en la televisión ofreciendo los sketches más hilarantes en los que no se salvaban ni las instituciones más sagradas como la corona, la política e incluso la religión. El film es una concatenación de sketches y gags girando todos ellos alrededor del tema religioso ambientado en los mismos días y parajes en los que Jesús predicaba su mensaje. Allí está un momento antológico que pone en jaque la verosimilitud de las crónicas, aquel en el cual, en medio de una disertación de Jesús, el pueblo se queja de que no se escucha nada.

Todos los miembros del grupo cómico (John Cleese, Michael Palin, Graham Chapman, Eric Idle, Jones y Terry Gilliam), acompañados por Charles McKewon, Bernard McKenna, Andrew McLachlan y el cameo del beatle George Harrison, asumen diversos roles y son perfectamente reconocibles. Desde el inicio, los títulos de crédito, en los que se parodian los homólogos de la conocida Rey de reyes, se deja bien clara la intención de no dejar títere con cabeza. Además, el bajo presupuesto jugó a favor, en la medida en que fueron suplidas las carencias económicas con mucha imaginación, contribuyendo a la agilidad narrativa, con rápidas transiciones de un escenario a otro. La integración de algún que otro número musical, posiblemente un guiño a Jesucristo Superstar, es otro punto a favor de esta fábula desacralizadora.

Si bien la comedia es muy difícil de reglamentar, existen temas que piden cuarentena dependiendo del umbral de tolerancia de cada uno. Jones se carga la gran controversia religiosa y construye (gracias a la persistencia de Harrison, quien también ejercía de productor) una feroz parodia de las revueltas populares, de los fundamentalismos ideológicos y de los relatos históricos. Quienes enfocaron el análisis exclusivamente en lo religioso, se perdieron gran parte de la torta. Sin duda alguna, La vida de Brian es una de las mejores comedias de la historia del cine. Y cierro escuchando, una vez más, a Brian y los demás crucificados cantando “Always look at the bright side of life”.

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