In Memoriam. Michel Piccoli (1925-2020)

Hay una pregunta que siempre me hacen: “¿Qué actor o actriz preferís?”, y la verdad es que nunca supe contestar con precisión. Parece fácil, sin embargo, por alguna razón cuyo fundamento no puedo explicar racionalmente, me quedo sin palabras. Claro que podría apelar al orden de lo afectivo y evocar esos gestos que se sellan en la memoria (la jeta torcida de Stallone) o en la piel (la belleza de Ava Gardner). Sin embargo, nunca lo tuve en claro. Por lo menos hasta el otro día en que me enteré de la muerte de Michel Piccoli, un verdadero gigante. Entonces recordé. Recordé al tipo con sombrero que le mira el culo a la Bardot en El desprecio de Godard (a quien interpeló conversando sobre cine sin rendirle pleitesía), a uno de los amigos que se juntan a reventar en La gran comilona, del gordo más genial de la historia de los directores, Marco Ferreri (Piccoli se les plantó a los periodistas/moralistas escandalizados y defendió a la película en un festival de cuyo nombre prefiero no acordarme), y para el gordo Ferreri también compuso a un marido alienado que nunca habla en esa maravilla llamada Dillinger ha muerto. Qué decir del marido que encuentra su refugio de placer con una muñeca en Tamaño natural de García Berlanga, o ese otro que se estrella con su auto en Las cosas de la vida de Claude Sautet. No nos olvidemos de que Piccoli fue el único Papa con onda en la película de Nanni Moretti que todos conocemos, se disfrazó de una vieja en Jardines de otoño de Otar Iosselliani y trabajó también con Rivette en una película muy larga y alucinante, La belle noiseuse. Como no podría ser de otro modo, se unió a dos zorros hermosos como Luis Buñuel y Alfred Hitchcock, en Belle de Jour y Topaz. A propósito de “las bellas de día”, Piccoli hizo renacer al personaje en Belle Toujours de Manoel de Oliveira, y aquí llega mi Piccoli preferido, de todos los Piccoli posibles, el de Regreso a casa, también del eterno realizador portugués. Qué enorme está Michel en el cuerpo del comediante que se planta (una vez más, en la ficción esta vez, Piccoli se planta) y se niega a filmar boludeces, que está viviendo una tragedia personal, que aguanta estoicamente, que parece morir y renace, y que se consagra a la actuación. Sí, es difícil elegir, pero me quedo con este Piccoli en primer lugar, aunque me gustan todos sus rostros, más de doscientos para la pantalla. Entonces vuelvo al principio y me doy cuenta de que por primera vez puedo contestar con seguridad cuál es mi actor preferido. Cuánta tristeza que se haya ido, pero qué alegría que estén allí las películas para seguir disfrutándolo.

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