Maïdan, de Sergei Loznitsa (2014)

Lejos de la lógica televisiva frenética y sensacionalista, Loznitsa relega la veta poética de documentales anteriores para registrar las protestas callejeras en Kiev entre fines de 2013 y principios de 2014. Lo hace con un tratamiento cinematográfico desde un lugar de enunciación que recorre los bordes del escenario en cuestión. Nunca veremos las consecuencias de las represiones ni los sujetos que adoptan la voz parlante. El fuera de campo alcanza un grado de importancia al privilegiar lo que transcurre alrededor de las manifestaciones, sean  trabajos solidarios para preparar comida o los indiferentes transeúntes que se mantienen al margen de todo. Breves fundidos en negro marcan las referencias  para no descuidar el contexto y se transforman en las huellas narrativas que mostrarán la evolución de los incidentes. El resto son planos, generalmente fijos, que establecen una coordinación misteriosa entre imagen y sonido. La cámara testigo nunca es intrusa y registra momentos emocionantes, en los cuales, las hermosas canciones populares acompañan las movilizaciones. Sin discurso altisonante, el punto de vista aquí parece decirnos que la revolución se hace en las calles y no en las redes sociales. Es impactante ver la abundancia de rostros y cuerpos mayores acompañando la causa contra un presidente arbitrario y represor; también, esa especie de réquiem final que confirma la sensibilidad de Loznitsa como documentalista, uno de los más grandes.

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